lunes, 23 de enero de 2012

El misterio de Jim


Desde Bangkok

Publicada: el 23 de enero de 2012 en el Diario de Yucatán. 

Jorge Luis Hidalgo Castellanos
¡Se esfumó! Nadie sabe dónde está. Ni idea, pero Jim simplemente desapareció. No, fue en México, sino en la montañas de Malasia, donde vacacionaba en la Semana Santa.

Jim Thompson, ciudadano de Estados Unidos cuyo nombre evoca los mejores productos de seda tailandesa, es ahora la marca de prestigio que estableció a fines de los años 40 en Bangkok, a donde había arribado en 1945 para trabajar para el gobierno de su país en labores de inteligencia.

 Su nombre completo era James Harrison Wilson Thompson y es reconocido como el promotor y modernizador de la industria de la seda en Tailandia ya que de su labor empresarial en el ramo textil, Jim logró posicionar nuevamente la seda tailandesa entre las mejores fibras naturales del mundo, lugar que había perdido a lo largo de la historia no obstante la antigua tradición, que data de por lo menos 3 mil años antes de Cristo, mucho antes de que los chinos pudiesen domesticar la palomilla de la seda.

Gracias a Jim Thompson desde la década de los 50 hasta la fecha, la seda de Tailandia, y en particular sus productos, es reconocida por los estándares de calidad que maneja, por sus diseños, textura, durabilidad y brillantez. Dos factores influyeron en el proyecto de Jim: sus orígenes familiares puesto que su padre había tenido intereses en la industria textil de Estados Unidos y sus estudios de arquitectura y arte en general, que se reflejaron en las telas y productos que fue creando a través de los años.

Asimismo, su ingreso en el medio castrense y del espionaje y el trabajo de inteligencia militar a través de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, por sus siglas en inglés), de la cual surgió en 1947 la CIA, le dieron una serie de elementos que favorecieron su visión empresarial en Asia. Antes estuvo destinado al norte de África, arribando a la otrora Ceilán (ahora Sri Lanka) al término de la Segunda Guerra Mundial. De ahí fue enviado a Bangkok, donde estableció la representación de la OSS, a través de la cual mantenía contactos con los frentes opositores de Tailandia, Laos y Camboya.

Jim tuvo la visión de explotar el potencial de la seda en Tailandia y relanzó la industria en este país a través de The Thai Silk Company, establecida en 1948 en sociedad con George Barrie. La diseñadora Irena Sharaff decidió usar seda tailandesa para los figurines del musical de Broadway “El Rey y Yo”, producido por Rogers & Hammerstein y cuya trama se desarrolla en el reino de Siam, lo que catapultó los productos de la compañía de Jim Thompson, a quien se le llama el Rey de la seda.
 Un dato curioso fue su método de gestión, que permitió que quienes hilaban y tejían las telas, en su mayoría mujeres, y sobre todo amas de casa, pudieran laborar en sus viviendas, evitándoles dejar de atender las labores domésticas. Su casa en Bangkok, ahora convertida en museo, se erigió del otro lado del canal donde varias de sus obreras residían, lo que le facilitaba la supervisión. Dicha práctica se mantuvo hasta poco después de su desaparición en 1967.

Jim Thompson había viajado a Malasia, a pasar unos días de descanso en la Pascua, en la cordillera de Cameron, cerca del poblado de Tanah Rata. Llegó acompañado de Connie Mangskau el 24 de marzo de 1967 y se hospedó en el búngalo “Moonlight” junto con el doctor Ling Tien Gi y su esposa. El día 26, después de la comida Jim salió a dar un paseo y, nunca regresó.
 La búsqueda se inició llegando a hacerse la mayor operación policiaca hasta esa fecha en Malasia, peinándose la zona durante 12 días. Se ofrecieron recompensas, varios investigadores y militares británicos y norteamericanos acudieron al lugar, incluyéndose un psíquico que juró que Jim había sido secuestrado. Todo fue en vano.

El misterio de la desaparición de Jim Thompson ha dado pie a especulaciones y teorías, mismas que van desde la idea de que cayó en alguna barranca en las montañas, hasta que fue secuestrado y llevado a otro país, habiendo fallecido al intentar escapar. No falta quien asegura que desapareció voluntariamente, cambiando su identidad y fue a vivir los últimos años de su vida en su tierra o que la CIA lo borró del mapa porque sabía demasiado. Un auténtico expediente X. En cualquier caso, el color y la suavidad de la seda son su legado a Tailandia.

Copyright 2012.

Texto: Hidalgo

lunes, 16 de enero de 2012

Singular casa

Desde Bangkok

La casa de Jim Thompson       Publicada:  el 16 de enero de 2012 en el Diario de Yucatán. 

 Jorge Luis Hidalgo Castellanos

 Es una casa de cuento. Exactamente como se imagina un extranjero una vivienda bucólica típica del sureste asiático. Es de ensueño y está ubicada en plena corazón de la abigarrada Bangkok.  Es la Casa Jim Thompson, en si misma un museo.

Jim Thompson es una institución en Tailandia por los productos de seda que llevan su nombre, ahora como marca registrada. Camisas, corbatas, sarongs, vestidos, batas, pañuelos y pañoletas, bolsos, almohadas, muñecas y todo producto de preciosa seda tailandesa (Thai Silk) son elaboradas bajo la prestigiada Jim Thompson,  sinónimo de calidad y buen gusto en todo el mundo.

Arquitecto, formado en las mejores universidades norteamericanas, Jim provenía de una rica familia de Estados Unidos. Llegó a Tailandia para trabajar en la Embajada estadounidense al término de la Segunda Guerra Mundial y decidió permanecer en Tailandia, donde fundó una empresa textil de seda local, fibra que alguna vez había sido ya afamada en estas tierras y que a mediados del siglo XX había caído en el olvido, no obstante ser, según comentarios de estudiosos y expertos en la materia, un material producido en Siam antes que en la propia China, de donde Marco Polo la habría llevado a Europa, dándola a conocer a todo el mundo e iniciar el comercio de tan noble fibra.

La famosa Casa de Jim Thompson en Bangkok, ahora convertida en museo, se ubica en las márgenes de un gran canal, justo enfrente de una barriada popular donde varias de las hiladoras de seda vivían, lo que le permitía a Jim supervisar directamente los trabajos.

  
 La mansión se construyó en una hectárea de terreno a donde Jim hizo traer seis casas de  madera de teca –común en ese entonces en los bosques tropicales de la región- de diversas provincias de Tailandia, en particular de Ayutthaya y Bangrua. Son casitas típicas tais, de tablones oscuros, algunas centenarias, que él hizo unir de tal manera que cada una se destinó a ser una habitación de la casa: la sala, el comedor, el estudio, su recámara y dos dormitorios para huéspedes. Las colocó del modo tradicional en el sureste asiático, sobre palafitos, haciendo aprovechable la parte inferior de la residencia y diseñó escaleras internas que contrastan y complementan a las que las casas tailandesas tienen en el exterior. El resultado es una casa bien dividida, ventilada y cómoda la que enriqueció añadiendo una decoración ecléctica de buen gusto, en la que se aprecia parte de la colección de arte sacra budista y asiática en general que Jim Thompson reunió desde que llegó a esta zona del mundo, junto con candeleros y obras europeas. El comedor, por ejemplo, y a diferencia de la costumbre tailandesa de comer en el suelo, sobre una estera o tapete, cuenta con dos mesas chinas del siglo XV que unidas dan lugar a seis comensales para degustar las viandas en una finísima vajilla de porcelana china (de ahí el nombre en inglés de las buenas vajillas: Chinaware) que en México semejaría –toda proporción y respeto guardados- a la talavera poblana, en blanco y azul.  

 La casa está rodeada de tupidos jardines con diversas flores, estanques y altos y viejos   árboles que refrescan el ambiente de la calurosa capital con un lugar reservado para la consabida casa de los espíritus. La casa actualmente tiene una tienda Jim Thompson, sobre la que está una galería de arte que presenta exposiciones itinerantes. Además, los visitantes pueden refrescarse y degustar la gastronomía tai en el restaurante de la cadena del mismo nombre, que el conglomerado heredado por Jim tiene en diversos lugares.


La casa Jim Thompson es fácil de localizar en la gran capital tailandesa, basta tomar el tren elevado (Skytrain-BTS) y bajar en la estación National Stadium, de donde los letreros señalan hacia dónde dirigirse y, una vez en la calle, se camina una cuadra hasta la entrada principal. Es una parada obligatoria muy agradable, incluso si tiene poco tiempo.H




Copyright 2012
 

Texto & Fotos: Hidalgo

lunes, 9 de enero de 2012

Tamarindos extranjeros

 
Desde Bangkok

Guamúchiles tailandeses    Publicada: el 9 de enero de 2012, en el Diario de Yucatán 

 
Jorge Luis Hidalgo Castellanos

Cuando era niño, solía jugar a la sombra de los guamúchiles, árboles de hojas pequeñas que junto con los mezquites, amates, mangos, mameyes, tlalahuacates y tamarindos formaban el pequeño bosque de La Cañada, tórrida, bucólica y pequeña comarca del sur de México, donde crecí.

Los primeros y los últimos árboles mencionados en el párrafo anterior se relacionan con Tailandia de alguna manera. Ambos habrían llegado al otrora Siam desde la India hace siglos. Los guamúchiles (Pithecellobium dulce), cuyas vainas frutales enroscadas están compuestas de hasta diez blancas y carnosas esferas sin centro –huecas- es originario de América y llegó a través de Filipinas con los navegantes españoles; de hecho en tailandés se llaman “tamarindo extranjero” (Makhamtaed), pues el tamarindo (Tamarindus indica) se asume como un fruto local (Makham), aunque proviene de India.

 Ha sido aquí, en Tailandia, donde he encontrado esa relación entre ambos frutos -guamuchil y tamarindo-, tan comunes en las áreas tropicales y áridas de nuestro país.

Es verdad que el guamúchil, es poco conocido en buena parte de México, incluyendo su capital, -si bien se asegura que es originario del país- y que no es de un sabor particularmente encantador. Es sin embargo, muy apreciado en los lugares donde se da, en general de manera silvestre –desconozco un huerto de guamúchiles-.

 Entre sus propiedades están que alivia la tos, su corteza es astringente y combate la disentería y es hemostática, lo que ayuda a curar úlceras internas.

En Bangkok, durante diciembre y enero, es fácil 
encontrar en mercados y puestos de frutas en las calles estas humildes roscas que hacían mis delicias y las de mis amigos de infancia en un “Lugar donde abundan los guamúchiles”, en la zona montañosa de la mixteca entre Puebla, Guerrero y Oaxaca.

A un lado de mi escuela en la provincia mexicana y muy cerca del curato, frente a la iglesia, había una pequeña colina que escalábamos y sobre la que corríamos hasta llegar al árbol de guamúchil que había en la cima para cortar o recoger sus dulces frutos que avidamente comíamos entre mayo y junio, a los ocho o diez años de edad. Ese montículo, pocos años después se descubrió, era una pirámide prehispánica; templo de un centro religioso tlapaneca de influencia mexica, en el antiguo Huamuxtitlán. Su etimología es, en efecto, guamúchil.

Los tamarindos en México, a diferencia de los guamúchiles, son usados –entre muchas otras cosas- como en el estado de Guerrero, para preparar agua fresca con la que aliviar el calor casi eterno de ese verde valle por el que corre un río, a través de la árida Montaña, una perennemente olvidada región sureña. Pero ni allí, ni en todo México se nos habría ocurrido llamar alguna vez a los guamúchiles “tamarindos extranjeros”.

En Tailandia, los guamúchiles también son árboles y frutos rústicos que se pueden ver por muchas partes –en la entrada de la Escuela Americana de Bangkok hay uno- y pareciera ser que al igual que en México, donde además de mi Huamuxtitlán, existe una ciudad que se llama Guamúchil en el Noroeste, cuna de uno de los más famosos actores y cantantes de música vernácula mexicana, también hay en Tailandia un distrito que lleva el nombre Makham. Coincidencias, como suele haberlas entre países tan distantes y con culturas tan diferentes que se asemejan, sin embargo, en varios aspectos.

No me sorprendería encontrar en algún lugar de Isan o en el norte del reino tailandés un cerrito con un guamúchil en su cúspide o quizá un tamarindo y bajo de él, cubierta de tierra y hierba, una chide o un templo antiguo siamés o jemer, de los millares que existen todavía.

Los guamúchiles en Bangkok han sido una grata sorpresa, que además de darme la oportunidad de saborearlos me ha hecho regresar a la edad que mis hijos tienen ahora, en aquel recóndito y maravilloso lugar de México, donde inocentemente me refrescaba sin falsa censura en sus manantiales, sin imaginar que algún día estaría en Tailandia y menos aún comiendo en ese reino asiático guamúchiles como en Huamuxtitlán.H

   Copyright 2012.

Texto: Hidalgo

lunes, 26 de diciembre de 2011

Sucedió en "The Long Gun"

Desde Bangkok

Dardos y ping pong  
Publicada: el 26 de diciembre de 2011 en el Diario de Yucatán. 

Jorge Luis Hidalgo Castellanos

Los globos reventaron encima de las cabezas de algunos asistentes cuando fueron tocados por los puntiagudos dardos disparados desde el escenario central, en lo que era la tercera ronda de tiro al blanco en el espectáculo voluptuoso de la noche.

Ellos boquiabiertos, ellas sorprendidas, unos más complacidos y la mayoría incómoda, se encontraban todos en un bar semioscuro y bullicioso que recordaba el de alguna película de Quentin Tarantino o Robert Rodríguez donde se mezclaba personal de ambos sexos, extranjeros de diversas nacionalidades y tailandeses. No era muy tarde en esa noche de mitad de la semana, pero el ambiente parecía el de un viernes o sábado en el local ubicado en conocida calle de entretenimiento nocturno en Bangkok. No había diferencias sociales ni rangos jerárquicos en ese momento.

En otro escenario, después de haber fumado un cigarrillo, las muchachas se lanzaban pelotitas de ping pong que certeramente entraban en el hoyo destinado o en alguna bolsa colocada sobre el piso del entablado con espejos —incluso en el techo— alrededor del cual había sillas altas en las que curiosos, y seguramente asiduos, espectadores se deleitaban mirando casi sin pestañear. Las blancas y leves pelotitas recorrían la distancia acrobáticamente por entre las piernas y entraban.

El grupo de foráneos europeos y latinoamericanos parecía no dar crédito a lo que veía a pesar de haber oído mucho al respecto e incluso haber visto algo parecido en alguna película australiana. Bebían cerveza y presenciaban desde la última fila, a escasos cuatro metros del escenario, viendo pasar chicas que parecían púberes ninfas que coqueta pero desvergonzadamente iban y venían. A un lado una de ellas comía un plato típico, alegremente con un anciano caucásico de ojos claros, más gozoso todavía.

Una chica del local se aproximó a la rubia del grupo y le habló amistosamente. Al poco tiempo le acarició la mejilla, sin que entendiera una sola palabra, no sólo porque se expresaba en otro idioma, sino porque casi no podía articular palabra alguna y trastabillaba. De pronto se alejó. Otra ronda de cerveza llegó y con ella, la mujer que abordó una vez más a la rubia, pese a estar con dos amigas, su esposo y cuatro amigos.  El show continuaba, con música a todo volumen a ritmo de hip hop y varias muchachas, no menos de ocho, se encaramaron en el escenario para bailar frenéticamente, contoneando sus frescos y delgados cuerpos y agitando los brazos y las cabezas. 
   
Los amigos y el esposo veían a uno y otro lado, atentos, hasta que la chica besó a la rubia en la mejilla al tiempo que la música acababa; se apresuró entonces para subir a la tarima y como si siguiera un guión comenzó junto con otra canción a contonearse mientras la rubia se carcajeaba, nerviosamente aliviada, con sus amigas después de haber vivido el sorpresivo ataque de la morenita asiática. Sus amigos, ya tranquilizados, dieron un trago a sus respectivas botellas en medio de la agobiante noche bangkokina y volvieron la mirada al escenario donde las estrechas caderas de las chavalas se agitaban estridentemente en armonía con sus desnudos y alargados brazos que subían y bajaban como si bailaran a gogó. Todos ellos sonrieron complacidos.

“The Long Gun” se llamaba el lugar, y no podía ser otro el nombre de un centro nocturno de una calle llamada Cowboy, donde en las tórridas noches de Bangkok la gente se refresca con cerveza y hasta pueden resultar entretenidas.


Copyright 2011  Texto & Fotos: Hidalgo

lunes, 19 de diciembre de 2011

En favor del desminado

Frente al Palacio de la paz, Phnom Penh, Camboya

MINAS ANTIPERSONAL: UN ASUNTO DE TODOS

Jesús Martínez y Tun Chananareth son dos hombres maduros que tienen algo en común: carecen de piernas. El primero es salvadoreño y el segundo, camboyano. Ambos son víctimas de las minas antipersonal que se colocaron en el territorio de sus países durante los años de conflicto armado y los dos participan, como ciudadanos de a pie (sociedad civil), en la XI Reunión de los Estados Parte del Tratado sobre la Prohibición de las Minas Antipersonal que se celebró del 28 de noviembre al 2 de diciembre en Phnom Penh, capital de Camboya.

Esa semana se caracterizó por una intensa labor de la diplomacia multilateral en el mundo. Pero mientras los reflectores estaban enfocados en la COP-17 sobre cambio climático en Sudáfrica –en seguimiento a la que tuvo lugar en Cancún hace un año- de relevancia sin duda para el planeta, pocos se enteraron del trabajo que se llevó a cabo, paralelamente y al mismo tiempo, en Phnom Penh, para atender otro grave asunto que amenaza a la humanidad y que requiere de la cooperación internacional.

Pleno de la XI Reunión
El Tratado sobre la Prohibición de las Minas Antipersonal o Convención de Ottawa (el nombre formal es Convención sobre la Prohibición del empleo, almacenamiento, producción y trasferencia de Minas Antipersonal y su destrucción) fue negociado en dos años y abierto a la firma de los Estados en la capital de Canadá el 3 de diciembre de 1997, entrando en vigor en marzo de 1999. México, en la línea de su acción diplomática, congruente con el apoyo y respeto a los principios del derecho internacional y humanitario fue uno de los primeros 40 países que lo firmó y ratificó, además de haber sido un protagonista en el proceso de su creación no obstante y afortunadamente no haber padecido el flagelo de este tipo de armas en carne propia. De hecho el estado mexicano no produce, almacena, posee emplea ni transfiere minas antipersonal. 
Jesús Martínez en Phnom Penh
Actualmente, más del 80% de los países del mundo son parte de la Convención de Ottawa (158 Estados, con la adhesión de Sudán del Sur el 11 de noviembre pasado), pero todavía más de un tercio de los países (72 Estados) están contaminados con minas antipersonal terrestres. Son miles de explosivos enterrados o a flor de tierra, potencialmente peligrosos para los habitantes de esas regiones o para los visitantes –turistas incluidos-. Los niños no pueden jugar con libertad ni los campesinos sembrar sus tierras ante la posibilidad de que al hacerlo salten en pedazos y, en el mejor de los casos, mueran. Mundialmente existen centenas de millares de sobrevivientes de las minas antipersonal, como Tun y Jesús, que deben ser atendidos, rehabilitados y, en general, ver respetados sus derechos y sus necesidades cotidianas.
La reunión que se llevó a cabo en Phnom Penh –donde México participó- tuvo una particularidad: fue en Camboya, donde hace más de 20 años inició el movimiento contra las minas terrestres. Este país del sureste asiático es todavía uno de los más afectados por las minas antipersonal. Décadas después de haber terminado la Guerra aún existen miles de minas por desactivar. En Camboya más de 63 mil personas –muchas de ellas infantes- han fallecido o han sido heridas por estas armas. Los efectos devastadores y tristes de las minas antipersonal mostrados en Camboya a principios de los años 90 sensibilizaron al mundo y alentaron a los gobiernos sobre el uso indiscriminado de las minas. Seis organizaciones no gubernamentales (ONG) lanzaron en 1992 la Campaña Internacional para Prohibir las Minas Terrestres (ICBL, por sus siglas en inglés) y cabildearon en las Naciones Unidas. Su trabajo fructificó muy pronto y uno de los reconocimientos además de la Convención de Ottawa fue que la ICBL y su entonces coordinadora, Jody Williams, obtuviesen en 1997 el Premio Nobel de la Paz.
El miércoles 30 de noviembre, en el salón de las sesiones plenarias del imponente y nuevo Palacio de la Paz en la capital camboyana, en cuyo exterior ondeaban banderas celestes de la ONU, los participantes de la conferencia internacional tuvieron la oportunidad de ver un programa que resumió la labor multilateral contra el desminado de más de dos décadas. Los maestros de ceremonias fueron un ex militar británico desminador que perdió el brazo y la pierna derechos al intentar desactivar una mina, y una chica de Camboya que no tiene la pierna derecha y usa una muleta desde que tiene 5 años. Otras muchachas camboyanas discapacitadas, en sillas de ruedas, interpretaron una danza tradicional jemer con vestidos dorados y sonriendo angelicalmente. Los espectadores no podían más que contener la emoción, y muchos, las lágrimas.
Tun y Jesús tienen otras cosas en común: ninguno era soldado o combatiente cuando pisaron la mina que les mutiló, iban rutinariamente a trabajar. Ambos sobrevivieron y ahora son voceros de la sociedad civil, que dedican todo su tiempo y esfuerzo –desde sus sillas de ruedas- a pregonar la paz y el desminado en el mundo. Tenemos que ayudarlos.H
Copyright 2011.   Hidalgo  Texto & Fotos.

Banderas de Camboya y ONU

Artículo relacionado: "Víctimas de las minas" (8/jul/2013).

Ver histórico del Blog.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Diciembre en Bangkok

Navidad al estilo oriental  Publicada:  12 diciembre 2011  (Promocional)
 Elefantes vestidos de Santa Claus (arriba), luces de colores y pino navideños pueden verse en Tailandia, país musulmán, en esta época
Elefantes vestidos de Santa Claus (arriba), luces de colores y pino navideños pueden verse en Tailandia, país budista, en esta época  Ver fotos(1)
 Share
Árboles de Navidad y figuras de renos, muñecos de nieve, estrellas, cabañas alpinas y hasta de Papá Noel aparecen en los centros comerciales de la capital tailandesa desde mediados de noviembre.

Los diarios, incluyendo por supuesto a los editados en inglés publican motivos alusivos a la temporada navideña cristiana y muchas zonas de la ciudad se llenan de luces de colores, según nos cuenta Jorge Luis Hidalgo Castellanos en su colaboración semanal que puede leerse en la columna Desde Bangkok.

Tema: Temporada navideña


Desde Bangkok

Tailandia se viste de Navidad Publicada:  12 diciembre 2011

 Share
Árboles de Navidad y figuras de renos, muñecos de nieve, estrellas, cabañas alpinas y hasta de Papá Noel aparecen en los centros comerciales de la capital tailandesa desde mediados de noviembre.

 Los diarios, incluyendo por supuesto a los editados en inglés –que afortunadamente existen también- publican motivos alusivos a la temporada navideña cristiana y muchas zonas de la ciudad se llenan de luces de colores que reflejan un espíritu festivo.

Pareciera que la enorme distancia que separa el sureste asiático de América o Europa no es óbice para que su influencia de origen cristiano se pueda sentir en una de las ciudades más grandes, modernas y cosmopolitas de Asia. Es precisamente esa apertura al exterior y su relación con los extranjeros lo que hace que diciembre tenga semejanza en ciertos aspectos con Sevilla, Los Ángeles, Mérida, Belice o Río de Janeiro. De hecho, en atención al clima, sería más parecido a las tres últimas ciudades mencionadas, puesto que es una época fresca para los locales, pero solamente “menos calurosa” para los extranjeros.

Es curioso, no obstante, ver la influencia del adviento de Jesús, o la manifestación de sus símbolos en las calles y barrios de Bangkok —por acaso la “Ciudad de Los Ángeles”, en su significado en thai- toda vez que tailandia es un país en el que más del 93 por ciento de su población profesa el budismo. Cristianos son poco más de 2 por ciento y de ellos la mitad católicos. En ese contexto es que cobra importancia la influencia de los europeos y americanos, aunque debe recordarse que no es nuevo ya que desde hace más de 500 años están presentes los católicos en esta región del mundo, cuando los portugueses arribaron al reino de Siam y otros lugares de Asia.

No debe pensarse, sin embargo, que diciembre es como en México o Italia. Fuera de los lugares comerciales y hoteles, a donde acuden extranjeros –turistas o residentes- y se ofrecen cenas alusivas, los bangkokianos viven días rutinarios y normales, salvo la frescura de las noches y mañanas del mes.

La Nochebuena está muy distante de la idiosincrasia tailandesa y no se conmemora en los hogares ni se acostumbra recibir o dar regalos o tener una cena especial.
La juventud sí que aprovecha para tomar como pretexto los días y festejar, pues se hace fiesta de todo lo que se pueda a esa edad.

Las tiendas, escuelas, oficinas gubernamentales y la industria trabajan de manera usual. Es muy común ver en las múltiples obras en construcción que abundan en toda la capital –es una ciudad que se construye y moderniza de forma continua- a los operarios trabajando hasta tarde las noches del 24 y del 31 de diciembre o a primera hora de la Navidad y del Año Nuevo. Es imposible no darse cuenta cuando el ruido de la construcción se escucha muy temprano y no permite continuar durmiendo, después de la “cristiana” desvelada que implican dichas fechas.

Los tailandeses, pese a que conmemoran su Año Nuevo en abril –entonces sí, ni los albañiles laboran-, tienen coincidentemente, en diciembre feriados que les permiten –y por extensión a los extranjeros- disfrutar de algunos días o fines de semana largos como en este año. El primero se festeja el 5 de diciembre, el Día Nacional tailandés, cumpleaños del Rey y, a la vez, Día del Padre. El segundo es el 10, Día de la Constitución, establecido para conmemorar la promulgación de la primera Carta Magna tailandesa en 1932, documento en el que se adoptó la Monarquía Constitucional en el reino de Siam y se dejó atrás el centenario absolutismo. Y el tercero aunque en enero, es parte de los festejos de la temporada, el día primero.

Al final, los católicos, cristianos protestantes, budistas, hinduistas, judíos y musulmanes o feligreses de cualquier otra religión que viven en Tailandia descansan oficialmente varios días de diciembre, sin perder sus tradiciones y ritos, compartiendo con sus semejantes, en una demostración espontánea de tolerancia y cofraternización, tal como lo predicaron en su oportunidad hace miles de años, los diversos maestros y profetas en este mundo que tanto soporta. Felices Fiestas!
 


Copyright 2011.

Texto: Hidalgo

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Real cumpleaños

Desde Bangkok
El rey que más ha reinado  Publicada:  5 diciembre 2011

Este lunes es el cumpleaños del rey. Es obviamente, un día festivo en Tailandia celebrado en todo el reino y que este año ha coincidido con un fin de semana largo en los primeros días de la época menos calurosa en el sudeste asiático.
 Para conmemorar se transmiten programas de televisión y radio alusivos y se colocan grandes retratos de su Majestad en las principales avenidas de las ciudades, edificios gubernamentales y en los rascacielos del distrito financiero de Bangkok.

El rey Pumipón Adulyadei (o Bhumibol Adulyadej como lo escriben en inglés) nació el 5 de diciembre de 1927 en Cambridge, Massachussetts en Estados Unidos, mientras su padre, el príncipe Mahidol Adulyadei estudiaba en la Universidad de Harvard.

Educado en Suiza, el rey ascendió al trono el 9 de junio de 1946 asumiendo el nombre de Rama IX en la dinastía Chakri de la realeza tai. Es el monarca que durante mayor tiempo en la historia reciente ha servido como Jefe de Estado de un país y que representa la identidad y unidad de su reino. Es también el Jefe de las Reales Fuerzas Armadas Tailandesas. A decir de algunos, el nombre del rey significa “Fuerza de la tierra, poder incomparable” y en efecto ha dado en los años de su reinado fortaleza y esperanza a su pueblo. Su genio inventor ha provisto a Tailandia de algunos aparatos de utilidad práctica en la agricultura y a mantener sanos los múltiples estanques como el aereador que es componente permanente del paisaje en los jardines y lagos tailandeses en todo el territorio.



Gracias a iniciativas reales algunas de las peores sequías que ha padecido Tailandia han sido revertidas. Con su equipo cercano ha recorrido su reino llevando atención médica a lugares apartados. Son famosos los Proyectos Reales, serie de programas gubernamentales de desarrollo social, que han cambiado la vida de la gente y que han conseguido avances con el apoyo incluso de organismos internacionales como en el caso de la sustitución de cultivos en una zona del país que tradicionalmente y durante siglos había sembrado opio.

Ha sido un monarca que le ha brindado atención a la gente y se preocupa cuando las calamidades le afectan. Por ello, los súbditos lo veneran. Lo consideran su padre y por extensión, su cumpleaños también es ahora el día del padre en Tailandia.

Pero además de su labor de Jefe de Estado, el rey se destaca por ser un artista. Ha cultivado la pintura, la fotografía, la literatura y la música. Es compositor de varias melodías y un consumado saxofonista, especializado en jazz que tocó con músicos renombrados como Benny Goodman y Lionel Hampton. En los deportes se destacó como navegante, habiendo ganado competencias de veleo, no obstante complicaciones visuales derivadas de un accidente en su juventud.

 La institución real en Tailandia es de muy larga tradición. Han sido por lo menos ocho siglos en que diferentes dinastías han estado en el trono del otrora Siam y que tuvieron su sede en las varias capitales que el reino ha tenido a lo largo de su historia. Fue a finales del siglo XVIII, cuando Bangkok se convirtió en la capital siamesa y ascendió al trono Rama I, el primer soberano de la dinastía Chakri, linaje del que el rey Pumipón o Rama IX desciende y con el que ha pasado al siglo XXI en el reino tailandés. Ha sido esta dinastía real la que dejó el absolutismo ejercido por los Chakri durante 150 años para dar a sus súbditos la primera constitución en 1932, con lo lo que el régimen pasó a ser el de una Monarquía Constitucional y el rey, una figura importante y respetada, pero representativa y simbólica, como Jefe de Estado y cediendo el poder al Jefe de Gobierno, en la persona de un Primer Ministro.

El 5 de diciembre el rey Pumipón cumple 84 años y sus súbditos festejan al más longevo rey de este país y al que más largamente ha reinado en nuestros días en el mundo ya que lleva 69 años como monarca en Tailandia. Long Live the King!



 Copyright 2011

Texto: Hidalgo