lunes, 31 de octubre de 2011

Amenaza silenciosa

Desde Bangkok
Ante una amenaza silenciosa Publicada:  31 octubre 2011

Imágenes de los diques levantados con sacos de arena a causa de las recientes inundaciones en Tailandia.
Imágenes de los diques levantados con sacos de arena a causa de las recientes inundaciones en Tailandia. Ver fotos(3)
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Después de tres semanas de angustiosa espera, la ciudad sigue preparándose para la avenida, silenciosa amenaza que se cierne sobre Bangkok.
 De hecho ya ha llegado a las orillas, afectando el Norte y Oriente de la capital y poniendo en jaque a los habitantes y autoridades que, impotentes ante las fuerza naturales, han cedido a sus caprichos.
Miles de sacos de arena son colocados, algunos apilados hasta a 2 metros de altura; en otros lados se erigen muros de tabique y cemento de 1 m que temporalmente parecen permanentes.
Las calles de la ciudad más poblada del país, que alberga a la sexta parte de la población, se ven semidesiertas desde que se suspendieron las clases en todas las escuelas el martes y más aún desde el jueves, 27 de octubre, cuando se inició el periodo de tres días hábiles que el gobierno decretó como festivos para la burocracia nacional con el fin de dar tiempo a la gente de avituallarse —con agua embotellada y alimentos secos—  y evitar exponerla. Con la medida también se ha querido facilitar la labores de protección civil, pues “mucho ayuda el que no estorba”.
Los que pudieron salieron de la ciudad, a otras partes del reino o a países vecinos. Varias empresas extranjeras —japonesas principalmente— y algunas misiones diplomáticas han preferido pagar los pasajes de las familias de sus empleados extranjeros para que abandonen Bangkok temporalmente, en vacaciones obligatorias.
Tokio ha sido un destino socorrido, a seis horas en avión. Niños y mujeres primero, todos están amenazados.
Lo paradójico es que en la semana ha llovido poco y la mayoría de sus días han sido soleados como el mejor verano, con calor de 40 grados centígrados, que con la humedad se siente hasta 8 grados más, en lo que parece un gigantesco baño sauna permanente.  Se puede imaginar que se está encima de una olla de agua hirviendo a fuego lento, cuyo vapor llega a sofocar. Lo que sucede es que el inusual volumen hídrico no se debe a las lluvias recientes y mucho menos a las que caen sobre Bangkok.
Son aguas que continúan bajando del norte ya no sólo por los cauces de los ríos sino por donde puede escapar el torrente. Agua que desde la semana pasada se vierte desde las cuencas de las decenas de represas que acumularon tanto que se vieron superadas y tardíamente han abierto las compuertas.
A lo largo de los siglos los tailandeses han construido diques y canales con el objetivo de controlar los ríos y evitar que la naturaleza deje sentir su fuerza periódica e implacablemente, pero no siempre se ha podido planear y hay que considerar que el idealizado control depende de decisiones humanas; no es que falle la red de exclusas o las represas, mucho menos la naturaleza.
La buen noticia ahora es que sólo una quinta parte del territorio está anegado, en su parte central; hace 15 días era la mitad. La mala es que se trata de la zona de mayor densidad poblacional y donde reside la planta productiva del país. El impacto en la manufactura tailandesa afecta a otros países y a la cadena productiva mundial, como el de las computadoras, por ejemplo, dado que el 25 por ciento de los discos duros se fabrican en Tailandia y se exportan a otros lugares de Asia o Latinoamérica que producen laptops, desktops y notebooks. El resultado es que los precios de estos aparatos han aumentado en cuestión de días y la producción se ha detenido recortando la jornada laboral de trabajadores a miles de kilómetros de distancia.
La espera de las amenazantes inundaciones en zonas de la ciudad tiene a la gente con ansiedad e incertidumbre. Es una amenaza que no ataca con furia como el tsunami o el huracán, ni súbitamente como el terremoto. Es posible que llegue, pero se desconoce cuándo y al hacerlo será lenta y silenciosamente y nada asegura que los sacos de arena colocados alrededor de rascacielos de cristal y acero en el distrito financiero realmente contengan tan preciado y vital líquido. Las barricadas de arena más fácilmente detienen ejércitos, con todo y que el agua no tiene armas de fuego, aunque siempre acecha en silencio.

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Texto: Hidalgo

lunes, 24 de octubre de 2011

Desastre

La inundación tailandesa, gran prueba  Publicada:  23 octubre 2011 11:21 hrs. Imágenes del mal tiempo en Tailandia, causante de las grandes inundaciones
Imágen del mal tiempo en Tailandia, causante de las grandes inundaciones. Lluvia cerrada el sábado 15 de octubre de 2011 enla tarde.  Ver fotos(2)

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“Se recomienda estar atento a  las noticias y alertas de las  autoridades para saber si es  necesario evacuar”-fue el aviso  que recibió la población en  tailandés y en inglés el fin de  semana anterior, por cierto  uno de los más lluviosos. El  mensaje estaba dirigido sobre  todo a los habitantes de la  capital.
Sin embargo, nada pasó y el  lunes algunos voceros dieron la  buena noticia, que  reprodujeron los diarios:  “Bangkok está a salvo!” o “Se  declara salvada a la capital!”


bangkok, ya pasada la intensa lluvia.
  El agua que corre desde el norte había podido ser desviada por las autoridades a través de diques y utilizando el sistema de compuertas que existe en los diversos ríos y canales de la zona metropolitana.
 Pero eso no era todo. El martes, la novedad era que la mayor ciudad del país seguía en riesgo y estaba virtualmente rodeada de agua, como si fuera una isla medio seca en medio de un mar de agua dulce.
 La capital está sitiada por un enemigo natural que ha sido a fuerza contenido, pero que silenciosa y constantemente se cuela a la Ciudad de los Ángeles –nombre literal de Bangkok (Krugn Thep)-, celestiales ánimas que  parecieran no protegerla en  esta ocasión. El ejército de H2O  que deviene desde allende a las  fronteras del reino ha crecido  tanto que las muchas vías que  tiene para salir al mar en el  Golfo de Tailandia no le han  sido suficientes y al ser  contenido artificial y  obligatoriamente, la  concentración acuática se ha  elevado, como la única forma  de encontrar un escape  necesario e inminente.
 Al  subir, el agua sale por las  coladeras, por donde la lluvia  debía descender hacia el río, y  anega las calles, las cuales  comienzan a parecer canales.  La gente que al principio  caminaba mojándose sólo los  pies, unas horas más tarde, casi  puede nadar en arroyos o  albercas de hasta 2 metros de  profundidad. Esto ha pasado  esta semana en el norte de la  zona metropolitana, en la  grande Bangkok.   
Los habitantes que siguen  laborando o realizando sus  cotidianas actividades  despiertan ansiosos  preguntándose si su calle ya  está con agua. Pero no, la  mayoría la ha encontrado aún  transitable y entonces vuelven  a salir a su vida diaria.  Regresan a casa  preguntándose si esa tarde o  noche se inundará la calle y se  mantienen atentos a los  noticieros –y los rumores-. La  ansiedad ya dura algunos días.  Las noticias dicen que son más  de 14 mil fábricas que han  cerrado y que casi 700 mil  obreros han dejado de trabajar  en toda el área afectada de  Tailandia.
Hasta que las autoridades, que  han salvado temporalmente la  ciudad, sacrificando otras  áreas cercana a Bangkok  decidieron el jueves 20 que hay  que abrir todas las compuertas  y ceder el paso al agua;  capitular ante el poderoso  ejército del Hidros griego o del  Tlaloc mexicano, que en este  caso es de la diosa del agua  tailandesa, Nak o Naga,  serpiente acuática que igual  que protege y dota de agua para  los cultivos suele castigar con  inundaciones, tal como lo hizo  el ancestral y mítico rey de  Muang Badan, Naga Suttho  para castigar a quienes  atacaron a su hijo. La gente de  Tailandia pertenece a una  cultura del agua, pero esto ha  ido mas allá. 
Las peores inundaciones de  Tailandia pueden ser  consecuencia del cambio  climático; de la falta de  planeación; de la mano  constructora del hombre que  desintencionadamente ha ido  en contra de la naturaleza y  ahora se lo cobra destruyendo  lo erigido. Quién sabe, pero a  pesar de todo, se puede ver hoy  a un niño que juega sentado en  la marquesina de su casa con  un barquito a control remoto  en las aguas estancadas de lo  que era su calle; mientras en  otro lugar, un viejito practica  su matinal Tai-Chi con el agua  mojándole los pies.
Y es que los tailandeses todavía  sonríen, aunque se encuentren  encaramados en el techo de sus  casas o caminen con el agua  hasta el pecho. La vida tiene  que continuar.

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Texto y Fotos: Hidalgo

lunes, 17 de octubre de 2011

Inundaciones

DESASTRE
No es que a otros países no les pase o que algunas zonas de México no hayan tenido situaciones similares. Se trata de solidarizarse con un país amigo, aunque lejano de nuestro territorio en momentos en que se ve afectado por diluvios.
Lo que en estos días sufre Tailandia es un verdadero desastre natural que tiene a más de la mitad de este reino asiático en estado de emergencia causado por miles de millones de metros cúbicos de agua que recorre su territorio de norte a sur, con torrentes que no sólo provienen de las oscuras nubes que se encuentran casi permanentemente encima de él, sino de corrientes que desde los países vecinos, incluso desde el suroeste de China, llegan a través de los diversos ríos que surcan el sureste asiático.
La situación afecta a toda la región, de modo que los vecinos de Tailandia padecen también ahora mismo inundaciones, deslaves y deslizamientos de tierra, aunque la mayor parte del agua que cae en ellos diariamente desde septiembre va hacia el sur para desembocar en el Golfo de Tailandia, a través del Mekong, el Chao Phraya, el Tha Chin y el Bang Pakong  entre otros ríos, estos tres últimos en Bangkok, ciudad desde donde se escribe esto y que se encuentra a menos de 30 km de distancia del mar. La ciudad está en estado de alerta ante la posibilidad de que pueda inundarse esta semana.
Dos factores contribuirían a que Bangkok pueda anegarse: la llegada durante el fin de semana de la marea alta en el Golfo y la apertura controlada de las compuertas de varias presas río arriba, en el centro de Tailandia, que han sido rebasadas en su capacidad y deben desalojar volúmenes ingentes del preciado liquido y cuyos torrentes caerán al lecho del principal río de las planicies centrales tailandesas. La marea tiene un efecto negativo en estos momentos ya que al estar la capital casi al nivel del mar, con partes incluso abajo de esa elevación, la marea servirá de muro de contención a las aguas que por la fuerza de gravedad tendrían que salir al mar para desahogar los ríos y canales tributarios, lo que podría, dicen los expertos, provocar una especie de reflujo.
Las riadas han afectado desde septiembre pasado casi 40 provincias de 76, en 3 de las 4 regiones que hay en el país. Ya se consideran las mayores inundaciones en la historia moderna de Tailandia y las estadísticas no  mienten: Casi un millón de familias damnificadas, mas de 10 millones de hectáreas anegadas, 300 víctimas mortales y algunas decenas de desaparecidos, 2,500 escuelas afectadas, 30 carreteras clausuradas algunas con puentes rotos, sitios arqueológicos –parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad-, más de 200 mil trabajadores sin laborar porque las fábricas cerraron temporalmente, y una ciudad capital de 12 millones de habitantes que puede transitoria y realmente convertirse en la Venecia asiática.    
El impacto de las inundaciones se proyectará también en la economía nacional, pronosticándose ya una disminución de casi 2 puntos porcentuales en el crecimiento esperado para 2011. El devastador panorama en algunos lugares es tan desolador que más de un miembro del gabinete no ha podido contener el llanto en lo que comúnmente se conoce como el país de las sonrisas.
Desde algunos lugares del centro de Tailandia se ve un paisaje acuático que se prolonga hasta el horizonte. Es impresionante ver la explanada de Honda Motors Thailand donde se estacionan los vehículos recién fabricados anegada a un nivel en el que sólo los techos de los automotores se pueden mirar. O ver el centro de la antigua capital, Ayutthaya, cuyas calles parecen canales y sus centenarios templos y estupas budistas se encuentran dos metros bajo el agua lodosa de los tres ríos que normalmente circundan la zona arqueológica.  
Por algo los antiguos siameses y pobladores del sureste de Asia vivían en casas sobre palafitos, pues las riadas no son nuevas. La modernidad otorga confort pero no siempre atiende a la sabiduría que da la experiencia. Es momento de reflexionar al respecto y no solamente en Tailandia, pero sobre todo, es tiempo de solidaridad.H

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Texto: Hidalgo

lunes, 10 de octubre de 2011

Siam Niramit dos

Siam Niramit, un viaje al pasado tailandés Publicada:  10 octubre 2011 Jorge Luis Hidalgo Castellanos

Imágenes del tradicional espectáculo Siam Niramt en la capital tailandesa
Imágenes del tradicional espectáculo Siam Niramt en la capital tailandesa Ver fotos(3)
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Espigadas tailandesas con trajes típicos le reciben y guían por un largo pasillo hasta encontrar un elefante de verdad que casi le toca con su trompa, mientras come manzanas o zanahorias que los niños le ofrecen.
 

Detrás del paquidermo asiático se descubre una plaza con más gente, vestida tradicionalmente en seda y algodón e incluso con máscaras. Parece un carnaval asiático. También hay personas que a todas luces se nota que son turistas. Este lugar se llama Siam Niramit y es la entrada a un fantástico viaje por las tierras de lo que hoy es Tailandia.

Localizado en Bangkok, Siam Niramit resulta ser más que un lugar al que se acude para disfrutar de un show. Es un remanso en la ciudad que reseña cultural e históricamente lo que ha sido Siam. Tiene un espectáculo que cuenta su historia de forma resumida y amena en un lapso de 80 minutos, con 150 artistas en escena que usan más de 500 trajes elaborados con base en cuadros y pinturas de época.
 

Es un compendio de la historia de más de 700 años de este país del sureste asiático recreada con música en lo que se considera el escenario de mayor altura en el mundo con 12 m de piso a techo; 65 de anchura y 40 m de profundidad, ciertamente uno de los más grandes del mundo que permiten mover hasta 100 piezas de tramoya y elementos escenográficos que mantienen a los espectadores hechizados durante casi hora y media.
La música, la iluminación y los efectos especiales son parte imprescindible de un espectáculo de la naturaleza de Siam Niramit, que permiten ver en su escenario volar a 12 ángeles, ver llover y relampaguear en un pueblito,  percibir el paso del tiempo y las estaciones a través de los arrozales y navegar chalupas con vendedores en el mercadillo acuático o soltar en un arroyo decenas de ofrendas del acto que recrea el festival de Loi Krathong y ver sumergirse en el río a un aldeano. Todo en un mismo escenario y sin pausas o intermedios.


El tercer acto del espectáculo está dedicado a los festivales que a lo largo del año celebran los tailandeses desde hace siglos y que son parte del budismo, religión profesada por más del 90% de la población. Los budistas creen que para poder ir al cielo al final de esta vida, se deben hacer méritos en la tierra por medio de acciones y ofrendas a las deidades y sobre todo a Buda. A través de los festivales religiosos también se logran los méritos y Siam Niramit representa algunos de ellos: Boy Sang Long o la ordenación de los diamantes; Phitakon, el desfile de los fantasmas en el que hombres disfrazados con grandes  máscaras y sombreros asustan a la gente en danza similar a algunas de México; Songkran el Año Nuevo tailandés que no se conmemora en enero sino en abril; y el muy alegre Loi Krathong con su inolvidable y rítmica música que todo escolar aprende –nacional o extranjero- y canta vestido con un tradicional traje en el otoño.

Siam Niramit está abierto todos los días desde las 6 de la tarde, buena hora para recorrer su plazoleta y el pueblo tailandés edificado especialmente para permitir al público hacer un recorrido por la zona rural del país sin salir de la capital; de norte a sur y de este a oeste, con construcciones típicas, y pobladores vestidos a la usanza tradicional de cada región de Tailandia.
 

Estanques repletos de flores de loto, árboles de mango frondosos y animales propios de las granjas locales forman parte de la escenografía natural de esta maqueta de tamaño natural.
Después de apreciar la vida de la Tailandia profunda, se disfruta de una cena tipo bufete con platillos de la gastronomía tailandesa y china, como ritual previo –y necesario- del fantástico espectáculo que inicia a las 8 en punto de la noche y que minutos antes abre las diversas puertas que dan acceso al teatro de dos mil butacas de primera; asientos cómodos y reclinables, ubicados de tal manera que permiten desde cualquiera de ellos disfrutar el show y sorprenderse de ver elefantes en el escenario y a la mitad del local.

Siam Niramit es la recreación humana del reino de Siam; es un espectáculo de clase mundial; es el pasado tailandés contado a través de un viaje encantador.


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lunes, 3 de octubre de 2011

Siam Niramit

Desde Bangkok

 Siam Niramit, un espectáculo cargado de tradición 
Publicada:  3 octubre 2011

 Jorge Luis Hidalgo Castellanos

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Los ángeles volaban en un inmenso cielo nocturno en el bosque de Himapaan. Además de sus alas coloridas, llevaban en sus cabezas tocados de oro con terminaciones agudas y pecheras también doradas que les hacían lucir como estrellas en el mágico y azulado firmamento. Un dragón se deslizaba atrás las rocas y al detenerse para observar entre los árboles a las ninfas que danzaban en un claro dejaba ver su colosal cabeza y sus chispeantes ojos.

Himapaan es un bosque en la mitología siamesa que se ubica justo en los límites de la tierra y del cielo, un lugar habitado por figuras fantásticas y criaturas que corren, vuelan, caminan y bailan en armonía con una felicidad que los humanos en pocas ocasiones muestran y que suele aflorar, entre otras cosas, con el amor, sentimiento que permite alcanzar esa dimensión única, en la que se embelesan los enamorados.



En un arrobamiento similar, aunque de diferente modo, cae el espectador de Siam Niramit, donde tiene oportunidad de ver directamente diversos aspectos de la cultura tailandesa, a través de un viaje por las regiones de este reino asiático con escalas en la historia, la fantasía y las festividades populares más tradicionales.

Gigantescos leones de piedra resguardan la escena en la que cientos de súbditos esperan ver en la explanada del palacio real al soberano de Lanna, antiguo reino del Norte, ingresando sentado en una poltrona con piedras preciosas incrustadas y plumas tornasoladas, a las que el pavorreal envidiaría, en el lomo de un elefante cubierto de seda roja y dorada para recibir a su bella consorte. Juntos, después de saludar al pueblo, que presenta danzas y regalos a la pareja real, elevan una linterna que impulsada por el calor del fuego sube cual globo presidiendo a cientos más que son lanzados desde palacio iluminando el cielo del reino de Lanna para regocijo popular. Los vistosos trajes de seda con diseños únicos que lucen los cortesanos enmarcan los gráciles movimientos de las bailarinas y deleitan a los bravos guardias reales.

Al pasar por el sur, se une la tradición malaya y musulmana y a través del mar llegan los mercaderes extranjeros, desde China en naos repletas de productos para vender o intercambiar. Pero el trueque no sólo se da con las mercancías sino que la gente se mezcla, algunos extranjeros se quedan en Siam y otros tantos thais abordan la nao para llegar a países al oriente, llevando costumbres, idioma, religión y diferencias, entre muchas otras cosas. El mar, en el Sur lo es todo. Está presente en la vida de sus pobladores, gente sencilla, luchadora, apasionada y libre.         

En rápido regreso desde el Sur, el viaje hace parada en el Noreste, esa zona con herencia jemer, la civilización y cultura que une a Tailandia con Camboya otro reino vecino y con tierras de Laos.
Las pesadas y hermosas edificaciones del templo de Phra That Phanom son el escenario perfecto y majestuoso para celebrar el festival Boon Praweht, en el que los pobladores bailan y cantan en una ceremonia nocturna en la que ejecutan con destreza, aldeanas y aldeanos, el rítmico paso a través de gruesas cañas de bambú colocadas horizontalmente que se cierran y abren en pares con el compás marcado por los tambores y la posibilidad de atrapar uno o los dos pies de los audaces danzantes, mientras Apsara, los ángeles jemeres que se plasman en los bajorrelieves pétreos de los templos cobran vida para departir con los celebrantes de una zona de Siam que se caracteriza por su riqueza cultural.

El desplazamiento por la geografía siamesa en un escenario considerado el mayor del mundo, termina con el arribo a la región de las planicies centrales de la hogaño Tailandia.
Zona donde se ubica la ancestral Ayutthaya, poderosa capital de antaño y donde también reside Bangkok.

 El primer cuadro refiere una bucólica reminiscencia de la sencilla vida de los campesinos, que dedican su vida a cultivar las fértiles tierras que riega el Chao Phraya, río que llena de vida todo como si fuera la columna vertebral del reino y por cuyas aguas navegan modestos botes que venden productos agrícolas y que son el origen de los mercados flotantes tailandeses. En contraste, el segundo cuadro de esta fabulosa escena es la recreación de la vida palaciega ayutthayesca, con presentación de embajadores y altos funcionarios de la corte con el lujo y magnificencia propios de los cuentos de hadas.

La otra parada del viaje es el mundo imaginario de la mitología siamesa, un mosaico que concentra creencias de las diversas culturas, unidas por el principio religioso común del Karma, basado en la expiación de las acciones negativas y positivas a través de los méritos. Una visita al apacible cielo, el Daow Wa Dueng –uno de los tres niveles celestiales- donde Indra es la deidad y un vistazo al temible infierno donde reina Prayom ordenando a sus demonios torturar a quienes pecaron siendo mortales, dejando en medio al mítico bosque de Himapaan ya descrito.

Siam Niramit es realmente un viaje al encantador reino de Siam. Continuará.

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Texto: Hidalgo   Fotos: Siam Niramit


lunes, 26 de septiembre de 2011

Burocracia

Artículo/Article

Desde Bangkok

Una odisea en el aeropuerto de Bangkok  Publicada:  26 septiembre 2011
Jorge Luis Hidalgo Castellanos


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El avión en el que se transportaron las maletas con ropa y enseres personales de pasajeros que viajaron en él llegó a las 5:25 de la mañana y para liberarlas habría que ir a la terminal de carga aérea del aeropuerto internacional Suvarnabhum, adyacente a la de pasajeros pero a la que se tenía que ir en automóvil.

Una hora pasó entre que el Airbus 320 se estacionó y se autorizó el descenso de los pasajeros, quienes después de caminar casi un kilómetro pasaron migración, recogieron su equipaje y salieron del aeropuerto, de manera que salí de esa terminal a la 6:30 y llegué a la de carga 15 minutos después. Si bien el edificio de carga aérea de Thai Airways, la aerolínea nacional, es grande dentro del complejo de esta terminal, se me envió al edificio de Aduanas, donde me enteré que sólo abría a las 8:30.

Al preguntar a alguien más de esa pequeña ciudad tailandesa que es el complejo –ahí laboran miles de personas del gobierno y empresas relacionadas con el transporte aéreo— se me indicó que estaba en el lugar equivocado. Thai Airways Cargo estaba en la sección de enfrente, a la que se tenía que llegar haciendo un rodeo en auto, saliendo y volviendo a entrar.

Pasaron 30 minutos hasta que arribé al lugar correcto, después de haber descendido del coche —con un calor de 32 grados centígrados a esa hora— y haber tenido que caminar en línea casi recta por diferentes andenes unos 300 m. Afortunadamente ya estaba abierto a esa hora y presenté los documentos. Se comprobó que la carga había llegado y se sellaron los papeles. Comenzaron a arribar muchas personas que tomaban un número para ser llamados a las ventanillas, mientras yo salía rumbo a la aduana con la esperanza de terminar y llegar a mi oficina a las 10 de la manana. Oh ilusion!

Eran las 7:50 y había que esperar más de media hora a que la Oficina de Aduanas abriera, de manera que me senté a esperar. Cientos de personas empezaron a llegar. Eran empleados públicos que se preparaban para sus labores del día, permitiendo con ello el flujo de bienes y mercancias de la más diversa índole, que diariamente llegan y salen de Tailandia a través de su mayor aeropuerto internacional. Millones de dólares y de productos exportados e importados desde los más lejanos rincones del mundo. Desde cerezas norteamericanas, manzanas sudafricanas y aguacates mexicanos hasta quesos y jamones de Parma. Orquídeas y otras flores de Chiang Mai, mangostanes y mangos de Chonburi hasta objetos de decoración tradicional y derivados de coco provenientes de diversas partes del territorio tailandés. El volumen, peso y valor es apabullante.

Llegó la hora de abrir y de inmediato me aproximé a una ventanilla para continuar con los trámites. Amablemente se me indicó que se procedería en unos momentos e incluso tuve la suerte de que la directora de ese departamento sonriente me indicara que me atenderían de inmediato. Mi esperanza se alimentó y regrese a sentarme, afortunadamente en una sala con clima artificial.

Desde mi asiento tenía un panorama y durante 40 minutos tuve la oportunidad de apreciar los preparativos burocráticos. Entraron algunas personas con bolsas en ambas manos que dejaban ver diversos platillos en recipientes desechables con sus respectivas bebidas: café, té, jugo o refresco. Algunos llevaban fruta picada o rebanada. Una más llego con dulces y pan. Todas se dirigían casi al mismo lugar. En  las ventanillas no había todavía nadie, a pesar del horario marcado en un rótulo. Media hora después salió un empleado y me dijo que su jefa estaba casi lista para recibirme. Le agradecí la información y sonreí también.

A esa hora yo ya había descubierto un puesto de donas y café, que resultó ser un oasis en mi mañana. Nadie había notado mi ausencia, por supuesto. Cuando me llamaron y finalmente revisaron la documentacion, resultó que había que regresar a Thai Airways para pedir que colocaran un nuevo dato para evitarme complicaciones y demoras. Cuando retorné me sellaron unos documentos y de la manera más amable se me invitó a regresar en hora y media, a las 1 de la tarde, porque ya era la hora de la comida.

Aproveché para comer un sándwich y presentarme antes de la una. Vi una procesion que volvía a sus escritorios y minutos después, a media tarde, otras personas con más bolsas de comestibles preparados, dulces, cafés y tes helados, afuera ya hacía 39 grados centígrados y la oficina llena de gestores.

Después de un aguacero, a las 7:30 de la noche dejé la preciada carga recuperada en su destino final, recordándome que no estaba en México, sino en la sorprendente Tailandia.
 
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Hidalgo 2011

lunes, 19 de septiembre de 2011

Siameses

Precioso ejemplar de siamés
Desde Bangkok

Artículo

Felinos de fina estampa  Publicada:  19 septiembre 2011 
Siamés Moderno

De cuerpo lánguido, con largas orejas que enmarcan una cara triangular y de piel clara con tonos más oscuros en las extremidades, el juguetón minino perseguía una bola de estambre en el lustroso piso de un penthouse del barrio de Chit Lom desde donde se ve el horizonte de rascacielos de Bangkok.

Era un auténtico siamés (Wichiet Maat) de dos años que adora estar cerca de su dueña y que se acurruca junto a ella cuando nos sentamos a platicar a media tarde.


* * *

La siamesa es una de las razas de gatos más conocidas en el mundo aunque quizá poca gente haya visto un ejemplar en vivo, incluso tal vez cueste reconocerlo, o mejor dicho diferenciarlo de otras razas en fotografías.

En México y en muchos otros países americanos cuando se quiere referir a una raza fina de felinos el gato siamés es el primero que viene a la mente. Este gato tuvo su origen en el antiguo reino de Siam, actual Tailandia, hace por los menos tres siglos, pero llegó a América apenas hace un poco más de 100 años, exactamente en 1890 de acuerdo con algunos registros.

Es obvio que este gato ha estado casi de manera permanente en la vida tailandesa y junto con otros animales nacionales es protegido por la Casa Real. Aparece en retratos con reyes y reinas, en documentales de cine y televisión y en películas sobre este reino.


En general, el siamés es un felino sociable, inteligente, limpio y muy cariñoso al que le gusta perseguir objetos o ratones. Se conocen dos tipos de esta raza: el siamés thai o tradicional y el siamés moderno, obtenido después de ciertas manipulaciones genéticas con características físicas propias.

Este último, el siamés moderno, es el más famoso y comenzó a ser más conocido a partir de la década de los 50 cuando ganó concursos en exposiciones felinas mundiales. De hecho esta sería la explicación por la que es el ejemplar que viene a la memoria cuando se habla de un gato siamés puro. Una descripción física clásica de este gato es: “El estándar del siamés moderno o siamés estilizado indica un cuerpo elegante, esbelto, estilizado, flexible y muy musculoso, con un esquema de color denominado pointed y en otros casos, colorpointed. Su cabeza es de forma triangular, el hocico fino, los ojos son almendrados y oblicuos, las orejas son grandes, el cuello delgado y largo, del mismo modo que su cuerpo y su cola. Su pelo es corto brillante, fino, suave, apretado y adherido al cuerpo. El siamés se caracteriza por su esquema pointed típico, es decir, por una coloración más oscura en los puntos donde la temperatura corporal es menor (extremidades, cola, cara y orejas), que contrasta con el resto del cuerpo”.


Por su parte, el gato siamés tradicional, conocido como gato thai o tailandés es el original o ancestral del que derivó el siamés moderno. Ambos comparten el acromelanismo o la coloración característica más oscura en las partes con menos calor del cuerpo, lo que se debe a un gen recesivo propio de esta raza fina. Una diferencia evidente está en las formas redondeadas que presenta su cuerpo, con la cabeza más rellena, hocico corto, ojos alargados y claros, generalmente azules, y cola corta y gruesa. Algunas asociaciones internacionales especializadas, incluso, consideran que ambas son razas diferentes. 

Siamés Thai
Si bien los estudios indican que los gatos siameses originalmente eran grises con manchas oscuras, actualmente son felinos de entre 3 y 4 kg de peso, en promedio, dependiendo del género y otras circunstancias y sus crias son blancas y van oscureciendo conforme crecen. La temperatura ambiental tambien influye en la coloración de estos felinos siendo más oscuros los gatos siameses que habitan en zonas frías que los que viven en el trópico, como en Bangkok.


De cualquier manera, se trata de una raza única de felinos, original de Tailandia, cotizada internacionalmente por su belleza, de precio alto y de personalidad alegre; mininos juguetones y cariñosos que se identifican con la población local.


* * *


En la penumbra de su departamento bangkokiano, la dueña del gato seguía contándome sobre los monasterios antiguos y la meditación, mientras lo veíamos ronroneando a los pies de un buda de bronce de tamaño natural, al igual que lo hacen muchos gatos sin pedigrí en los templos budistas del país. Al final, pensé que es cierto que “de noche, todos los gatos son pardos".   

Texto: Jorge Luis Hidalgo Castellanos

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