lunes, 27 de mayo de 2013

Visajá: tres sucesos

Desde Bangkok

Nacimiento e iluminación

Publicado: Lunes, 27 de mayo de 2013 - 1:24 am En: Calidad de vida, Imagen en el Diario de Yucatán

Jorge luis Hidalgo Castellanos

En un bosque de la región himalaya india, el séquito se detuvo para permitir que la mujer descendiera de la litera y descansara un poco del viaje. Su voluminoso vientre ingresó a la floresta antes que el resto de su cuerpo y la sombra de los árboles le refrescó. Sus brazos, lánguidos y morenos se sujetaron de las ramas de un bodhi, árbol que cobijó sus plegarias y dolores y que escuchó por vez primera al bebé.  La madre de Siddartha sonrió al verlo. Sabía que alguien especial había llegado a este mundo.


El budismo Theravada que se practica en Tailandia y en varios otros países de Asia conmemora en la sexta luna llena del año algunos acontecimientos relacionados con “el despierto”, Buda, el maestro. La fecha coincide con mayo o junio del calendario gregoriano y obviamente se basa en lo que indique el calendario lunar local.
Siddartha Gautamá, noble en el doble sentido, criado en la abundancia, alejado de sufrimientos y pobreza, había descubierto desde algunos años atrás que el mundo tenía un lado oscuro y amargo. Que no todo era placentero. Abandonó la buena vida y peregrinó intentando encontrar la verdad, el consuelo, la respuesta. Vivió con brahmanes, recibió enseñanzas, fue anacoreta, ayunó meses, dejó la banalidad y años más tarde se dio cuenta que tampoco ello le hacía  encontrar el sendero. Ese día, en la mitad de sus treintas, decidió sentarse a meditar y escogió un bo del bosque para que sus ramas le protegieran de las inclemencias del tiempo, aunque también Nagá, la serpiente de siete cabezas, le protegió de la lluvia. Después de algunas horas, sus labios esbozaron una casi imperceptible sonrisa y su rostro y cuerpo entero fueron rodeados de una tenue aura que le iluminaba. Internamente comprendió todo, amorosamente y con humildad.
 
El Nirvana en el budismo representa la plenitud. Alcanzarlo es llegar al final de la búsqueda. La cúspide de la montaña que se escala en esta vida y que permite ir más allá. No solo se equipara al cielo cristiano, sino que le supera.
El iluminado enseñó cinco preceptos que han sido tomados por sus seguidores con el fin de alcanzar la plenitud. No debe destruirse la vida; tampoco tomar lo que no se ha dado, evitar una mala conducta sexual así como la falsedad y no tomar intoxicantes.  Para los budistas practicar este código de conducta podría hacer que alcancen una mejor condición personal al momento de renacer. Para quienes profesan otra religión o son librepensadores, su práctica permite una convivencia pacífica y una tranquilidad en sus vidas y la de sus prójimos.
Este 2013 el festivo religioso budista conocido como Visaka o Visajá Buchá se respetó el viernes 24 de mayo, once días después de la fecha en que el año anterior se celebró. Conmemora, en un mismo día, el nacimiento, la iluminación y el deceso de Siddartha Gautamá, el gran Buda. La fecha es determinada en razón de las reglas religiosas del budismo que indican que el Visajá Buchá deberá ser celebrado en el sexto mes lunar, exactamente el día de la luna llena de ese periodo. En India se llama Visajá a este mes.
El iluminado se sentó y permaneció así, meditando, horas debajo de unos salas, hasta que su alma abandonó su cuerpo de casi ochenta años y las flores de los árboles cayeron cubriendo el suelo y sus restos mortales. Había peregrinado llevando solo su conocimiento y humildad. Pregonó a quien lo escuchó el Dhamma, sus enseñanzas. Algunos se decidieron por una vida alejada de las tentaciones terrenales y se fueron a los templos para vivir la Sangha, con lo mínimo; muchos raparon sus cabezas y establecieron ritos y costumbres como la triple gema.
El Visajá tiene tal significado para la humanidad que las Naciones Unidas lo reconocieron en 1999 toda vez que respeta los principios plasmados en su Carta y los derechos fundamentales del ser humano. La paz, la seguridad y el bienestar son los conceptos clave de la ONU y de Buda.
El budismo vela por el comportamiento humano a través de un código de conducta que evita hacer daño a alguien, sea persona, animal, vegetal o cosa. Esa regla no se exige, se cumple por convicción. Buda se resume en las Cuatro Nobles Verdades que logran hacer que el ser humano se aparte de lo innecesario en su transcurso por este mundo y le permite ser recto y vivir en paz. “El despierto” señaló que la iluminación se puede alcanzar cuando se conoce la insatisfacción, su origen o causa, el cese del sufrimiento que la produce y se encuentra el camino que lleva a la terminación del sufrimiento.
Las “Enseñanzas de los antiguos” es la piedra angular del budismo en Tailandia y por ello conmemora en una misma fecha tres sucesos de su fundador, “el iluminado”, acontecidos hace veinticinco siglos.H
Copyright 2013    Texto & Fotos: Hidalgo©
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lunes, 20 de mayo de 2013

Flor de mayo

 Desde Bangkok

 Publicado: Lunes, 20 de mayo de 2013 - 3:00 am En: Calidad de vida, Imagen, Diario de Yucatán

Jorge Luis Hidalgo Castellanos

Su fragancia provocaba sensaciones únicas en las personas, quienes conforme a su estado anímico, experimentaban diferentes efectos, siempre gratos y placenteros. El aroma provenía de unas flores blancas, de cinco pétalos de cuyo centro irradiaba el color amarillo que las hacía más atractivas en los ramos naturales  de hasta veinte flores que ofrecen las Chak niktés. Esa primavera, los paseantes de Tizimín estaban hechizados con su mágico aroma.

 La flor de mayo  (Plumeria rubra) es una especie de origen mesoamericano, es decir, de México y Centroamérica que actualmente se cultiva en todo lugar tropical desde Florida hasta Brasil país que le llama jasmim-manga y desde Yucatán hasta Bali, isla que tiene kamboyas. Es la flor nacional de Nicaragua en el istmo centroamericano y de Laos en el sureste asiático, donde es tan común que desde hace siglos esta flor mesoamericana tiene carta de naturalización con el nombre de Temple Tree, dado su amplio uso en templos hindúes y budistas. En la Polinesia y en Hawái es una flor conocidísima a la que también se le conoce como melia, pluméria o frangipani.
En Bangkok, las diferentes parejas que conversaban sentadas en las bancas de fierro del parque Bensachari sonreían plácidamente y sus rasgados ojos parecían cerrarse más, casi adormilados bajo las ramas de grandes y frondosos lilawadiis cuyo perfume  natural se extendía a la transitada avenida de Sukhumwit, elevándose en el aire hasta la estación más cercana del tren elevado que circula sobre la arteria urbana. Los usuarios del BTS que esperaban el vagón a esa hora del atardecer esbozaban una sonrisa al percibir el aroma de las frangipanis.  
La fragante y hermosa flor recibe diversos nombres en México además del maya chak nikté y el español flor de mayo. Chak sabaknikté, súchil, cacaloxochitl, cacajoyó, popojoyó, yichiachi, saugran, tlapalitos, rosa blanca, tisaxochitl y palo de oído. En Nicaragua tienen la sacuanjoche, con un simbolismo tal que se ha impreso en los billetes de cien córdobas desde 1972.  Jazmín de las Antillas, pluméria y atapaima son otros nombres americanos al que se unen los de Asia y su sureste como araliya, champa, deva ganneru, champige, krahom o sus denominaciones en inglés Pagoda Tree y Temple Flower.
La chica camboyana tenía en el pelo unas flores tan lindas como ella, iguales a las que aparecían talladas en los cuadros de madera oscura que adornaban el local de masajes del lujoso resort de Siem Reap, cerca de las maravillosas ruinas de Angkor donde se encontraba. En algunas fuentes de su restaurante, de agua fresca y cristalina, flotaban unas champiges. Las guirnaldas que se entregaban a los turistas al llegar al lobby del hotel también estaban hechas de krahoms.
En Tailandia, y el sureste asiático todo, la frangipani se incluye entre las plantas medicinales tradicionales desde el siglo XVII. Su aceite, descrito como “exótico, intenso y embriagador, con una profunda cualidad expansiva que alienta una respuesta sensual, casi provocativa” es usado en la aromaterapia y la alta perfumería francesa, donde se le llama flor de marzapán. Concentrado suele presentarse en color ámbar dentro de botellitas de vidrio con gotero.
En India se conoce como Árbol de la vida, una planta mágica y tradicional a la que basta tomar una de sus ramas para sembrarla en otro lugar y hacerla florecer, representando la infinita conexión del alma con lo divino. Se dice que la frangipani era la flor favorita del rey Krishná y que restaura la paz interior y la armonía que guía hacia lo sagrado en la intimidad. La flor recuerda la belleza del infinito viaje de las almas en el mundo y más allá, trascendiendo.
En España, la rubia escandinava cortó un ramo de pluméria que su brazo alcanzó del árbol de casi tres metros que le protegía del calcinante sol malagueño mientras esperaba el taxi. Al escuchar el nombre de la planta pensó que se debía a que su hojas de verde intenso tienen la forma de plumas, pero  Plumeria rubra es el nombre científico que Linneo le dio en homenaje a su colega y amigo Charles Plumier, botánico y misionero francés del siglo XVII que identificó y clasificó algunas plantas en las Antillas.
El chack nikté es un árbol lechoso de hojas largas y anchas que dan en panojas sus flores y agradable perfume. Se cuenta que los nativos bañaban a los recién nacidos en los azahares de sacuanjoche. Los mayas atribuían a esta flor, y más específicamente a su fruto, un concepto divino porque el color amarillo es un color sagrado que les habla del pasado, de sus dioses y de sus sueños; ellos observaron que de un solo pedúnculo salían dos vainas, lo cual era la representación simbólica de un principio vital común que da origen a dos géneros: masculino y femenino. De Yucatán para el mundo.H
 Copyright 2013.   Texto & Fotos: Hidalgo

lunes, 13 de mayo de 2013

Rito agricola ancestral

Desde Bangkok

El arado real



La ceremonia del arado real en el reino tailandés, que se realiza hoy, lunes 13 de mayo de 2013, tiene sus orígenes en la era Sukhothai (siglos XIII y XIV) cuando se trataba de agradar al dios de la lluvia Moe Khaung Kyawzwa. También existen vestigios y crónicas de 1822, al final del reinado de Rama II, que narran la ceremonia en Bangkok ya con el componente budista.

La ceremonia del arado celebra el inicio de la temporada de labranza en Tailandia, época en que los campos del reino se preparan con yuntas de bueyes o tractores mecánicos para ararlos y después inundarlos para sembrar el preciado grano, alimento básico del continente asiático: el arroz.H

Copyright 2013. ©Hidalgo





martes, 7 de mayo de 2013

Coronación

 Desde Bangkok

La fiesta del Día de la coronación

Jorge Luis Hidalgo Castellanos
En Tailandia se conmemora el Cinco de Mayo. Pero esta fecha histórica local no celebra la Batalla de Puebla, ciudad del centro-oriente de México, donde hace 151 años un modesto grupo de mexicanos vencieron al ejército más poderoso de esa época, invasor europeo de una joven república latinoamericana. Coincidentemente, en Tailandia se celebra en la misma fecha la coronación del actual monarca, Pumipón Alduyadei (Bhumibol Adulyadej) efectuada en 1950.
 Si bien es cierto que en la era Sukhothai ya existía un ceremonial real, como históricamente se ha demostrado con objetos que describen el acto en Wat Sirikhum, y que en la época Ratanakosin –ya en Bangkok- cuando se construía el Wat Phra Kaeu el primer rey de la dinastía Chakri elaboró aún más el protocolo para la coronación, en el reino de Siam, y a diferencia de otras monarquías, las ceremonias de ascensión al trono no eran fastuosas ni abiertas al público. Se llevaban a cabo en Palacio con la presencia de cortesanos y miembros del gabinete que en un modesto acto protocolario otorgaban el título y los objetos reales correspondientes al nuevo monarca. Los de uso cotidiano y los reservados a actos solemnes.
El 6 de abril de 1851, ascendió al trono el cuarto miembro de la dinastía Chakri, el rey Mogkut (Rama IV), quien expidió un edicto estableciendo la fecha de coronación como una ocasión especial, sobre la base de que en toda monarquía del mundo los súbditos celebran con júbilo el ascenso al trono de su soberano. Mongkut ordenó que se invitara a un grupo de monjes budistas al Gran Palacio para entonar cánticos (sutras) durante dos jornadas a partir del decimotercer día del sexto mes lunar como parte de las celebraciones de su coronación. Esa fue la primera vez que se recuerda hubo tal festejo en Siam.
Con el paso del tiempo, el protocolo real fue haciendo de la coronación real algo más solemne y sofisticado, desarrollando el ceremonial civil en la corte e introduciendo ritos religiosos y sobre todo mostrando gran parte de ellos al público, haciéndolo partícipe de las celebraciones de la coronación.
Actualmente, dichos festejos duran tres días, iniciando en el Gran Palacio con una comida ofrecida a los monjes en el Salón del Trono Dusit Maha Prasart seguida por una ceremonia budista en el Salón Amarindra Vinichai, en la que se recuerda a los ancestros de la dinastía reinante, la Chakri. Se canta una parte de las escrituras sagradas y un monje de alto rango pronuncia un sermón. El segundo día se dedica a una ceremonia dual, con una parte brahmánica y otra budista.  La tercera y última jornada se destina a la ceremonia de coronación en sí, con el nuevo monarca vestido de regia pompa que ofrece una fiesta a los monjes y miembros de la corte. Participa en un rito en el que tres veces camina sobre suelo sagrado alrededor del templo del Buda Esmeralda cuya efigie fue trasladada de Thomburi a su actual templo por el rey Rama I. Al mediodía las Fuerzas Armadas Reales disparan 21 salvas cada una en honor del soberano quien impone condecoraciones, en otra ceremonia organizada al efecto, a militares y civiles que se han destacado por su servicio a la Corona o a la sociedad. En la noche, el rey asiste a un ritual en el que cambia la vestimenta del Buda Esmeralda, el guardián del pueblo tailandés.
 Su Majestad Pumipón Alduyadei fue coronado como el rey Rama IX el 5 de mayo de
1950 y desde entonces esta fecha quedó oficialmente establecida como festiva. El gabinete de la Primera Ministra establece anualmente el calendario de días festivos, que normalmente tiene dieciséis fechas, incluyendo invariablemente el cinco de mayo. Cuando una de estas fechas cae en fin de semana se le traslada al siguiente lunes con el fin no solo de no laborar sino de promover el turismo y el comercio domésticos.

En este lejano reino de Asia, al igual que en México, se conmemora y festeja cada año el Cinco de Mayo, aunque por motivos diferentes y en el caso tailandés por un acto ocurrido casi noventa años después, sin derramamiento de sangre como en la Batalla que el Ejército Mexicano libró en los Fuertes de Loreto y Guadalupe y sus inmediaciones en la histórica y bella ciudad de Puebla en 1862.H
Copyright 2013.  Texto: Hidalgo

lunes, 29 de abril de 2013

Koh Samet

Desde Bangkok
 (SEGUNDA PARTE)
Publicado: Lunes, 29 de abril de 2013 - 3:02 am En: Calidad de vida, Imagen Diario de Yucatán
 Jorge Luis Hidalgo Castellanos


Las aguas del Golfo de Tailandia son tibias y las que rodean koh Samet llegan en mansas olas a sus playas de suave arena blanquecina. Sin embargo, son pequeñas en extensión, la mayor quizá tiene un kilómetro de largo.


Sentados a la mesa, frente al mar y con la luna en lo alto, esa noche cenamos arroz servido dentro de media piña y mariscos con ensalada de papaya verde, en un lugar llamado “Viking”, cuyo dueño debe haber vivido en Escandinavia dado que las paredes del restaurante estaban decoradas con equipo de deportes invernales, entre ellos esquíes y patines para hielo. Mi compañera tailandesa me dijo que la isla es pequeña y puede recorrerse a pie, por lo que decidimos caminar al día siguiente a otras playas vecinas como la de Ao Wong Duan.

Poco después de desayunar cruzamos una espesa jungla y descendimos una colina que daba a  una serie de casitas de madera construidas sobre palafitos. Esta parte  de la isla estaba más habitada y con muchos turistas, restaurantes y hasta un cajero automático del Bangkok Bank. La playa era ancha y larga. Noté algo extraño: no escuchaba voces ni sonidos de la gente que veía, misma que tampoco parecía verme. Sin embargo, había escuchado los tucanes en la floresta y el murmullo de las ramas de los almendros al moverse con el viento. También oía el rumor del mar, ahí mismo en la playa; y por supuesto, la dulce voz de la tailandesa.

En algún momento, al caminar junto a ella, me pareció ver que flotaba, que sus pies no tocaban el piso, pero no puse mayor atención. Su voz y su figura me embelesaban. Sus ojos risueños combinaban perfectamente con sus voluptuosos labios y sus estilizadas manos eran un convite a tomarlas para no soltarlas jamás. La playa solo registraba la impresión de mis huellas.

Retornamos a Ao Thian para descansar un poco. Después de una siesta ella me señaló un sendero y ascendimos entre los arbustos de la parte más estrecha de la isla para llegar a otra playita, en el lado oeste de Koh Samet. Ahí había dos o tres chozas de pescadores. Estábamos solos y vimos algunos botes en el mar y el ferry que a lo largo del día transporta gente y abastos, en una ruta que rodea la isla y que hace dos horas para regresar al puerto de Ban Phe. Varias lanchas con motor fuera de borda también navegaban con destinos diversos, en un activo tráfico marino que contrastaba con la tranquilidad que se sentía en Samet, alguna vez escondite de piratas y punto de revisión para los navegantes chinos todavía hasta principios del siglo XX.

Me enteré que a principios de los 80 se designó a la isla como Parque Nacional de Khao Laem Ya-Mu Koh Samet  y varios tailandeses comenzaron a frecuentarla desde Bangkok. Poco a poco fueron estableciéndose hostales con cabañas, principalmente en el lado oriental. En su costa menos desarrollada, la occidental, afortunadamente todavía hay lugares como el resort Ao Phrao, en el que se llega a pensar que se está aislado del mundo. Por ser un parque nacional cada visitante paga un derecho por ingresar, bueno menos de 10 dólares por cabeza.

El piquete de un mosquito, que me pareció del tamaño de una avispa, me sacó del trance en que me encontraba contemplando a mi guía. Era, pensé entonces, la persona adecuada para hacerme compañía y el complemento perfecto para esa isla que me recordaba la de alguna película filmada en Tailandia. Ella se dio cuenta de ambas cosas y me comentó que una preocupación entre los isleños era la malaria, enfermedad transmitida por los mosquitos que a lo largo del año están acechando a sus presas humanas. Nada nuevo en el trópico y nada que impida visitar lugares con tantas bellezas. Nuevamente la seguí y nos sumergimos en el mar, donde intenté, lo recuerdo bien, abrazarla...


Desperté en la cubierta del bote, rodeado de mis amigos. Me había caído al intentar abordarlo dando un salto desde el muelle y perdí el conocimiento por algunos minutos, mismos que pase acostado sobre los asientos mientras se dirigía a la isla. La lancha se llamaba “White Shark” y surcaba el golfo de Tailandia velozmente para llegar a  Baan Thai Sang Thian, el  rústico resort donde tenía mi reservación para tres días en Koh Samet, lugar en el que se cuenta que hubo una sirena.H

Copyright 2013. Texto: Hidalgo


Koh Samet, in the Gulf of Thailand (II)
Jorge Luis Hidalgo-Castellanos
The waters of the Gulf of Thailand are warm and those around Koh Samet arrive smoothly to its white and soft sand beaches. Notwithstanding, the beaches are short and the biggest is one kilometer long.
With the moon in the sky and seated at the table in front to the sea, we had a dinner of rice with seafood served in a half pineapple, with Green Papaya Salad in a place called “Viking”, whose owner must have lived in Scandinavia because the walls of the restaurant were ornamented with winter sports equipment such as skis and ice-skates. My Thai escort told me that since the island is small, one can walk around all of it so we decided to walk the next morning to other beaches close to ours, like Ao Wong Duan, for example.


A bit after having breakfast we walk into the dense jungle behind the bungalows and went down a hill that ended in a compound of small houses built on water dwelling sticks. This area of the island was inhabited with more people and we could see many tourists, restaurants, bars, cafes and even a Bangkok Bank ATM. The beach was large. It was odd that I did not hear any voices or sound made by the people I was seeing. Nevertheless, I could hear the Bill-horns birds in the forest, the whisper of the Almond trees’ branches moving by the wind, as well as the marine murmur, and of course the Thai girl’s voice.

In a given time, walking together, it seemed to me that she was floating in the air. Her feet did not touch the ground, but I did not really pay attention to this fact. Her smiling eyes matched perfectly with her voluptuous lips. Her slender and pretty hands were an invitation to take them and never release them again.

We returned to Ao Thian to rest for a while. After a nap, she showed me a trail which we took to go up the hill through bushes in the narrowest part of the island in order to get to another small beach, located in the west side of Koh Samet. Over there, there were only two or three fishermen’s palm and timber huts. We were alone and we saw some boats sailing and the ferry which along the day transports people and goods. The ferry circumnavigates the island taking two hours to complete the route returning to the port at Ban Phe.  Many boats with out-of-the board engines were in the sea going and coming to different places in an active maritime traffic contrasting with the tranquility of Samet, the place that once was pirates’ den and a customs point for revision of Chinese navigators.

I also was told that at the beginning of the 80’s the government designated the island as a National Park and since then many Thais from Bangkok started to visit Koh Samet often. Little by little hostels and inns were established, mainly in the eastern side with bungalows. Leaving the west side without development has allowed the island to offer places like Ao Phrao Resort, where one can think that one is really isolated from the world. As any national park in Thailand all visitors pay a fee when entering Koh Samet.
The mosquito bite brought me out of the daydream I was in while contemplating my guide. It was a wasp-size mosquito. She was, I thought at that moment, the appropriate person to be with me; the perfect complement for me on this island, a place that reminded me of a Hollywood movie filmed in Thailand. She noticed both things and changed the conversation telling me that a big concern for the islanders is Malaria, a sickness commonly spread by mosquitoes that along the year attack their human preys. Well, nothing new in the tropics but at the same time nothing that prevents one from visiting such a place, full of beauties of different kinds. As in a previous occasion, I followed her again and walked into the sea. This time while under the water, I recall it vividly, I tried to hug her…

                                                                                            ***
When I woke up I was at the boat’s deck surrounded by my friends. Accidentally, I fell down when I jumped from the wharf trying to go on board and bumped my head. I fainted and was unconscious some minutes, time that I spent lied over the boat’s bench while it navigated fast to the island. That boat’s name was “White Shark” and took us to Baan Thai Sang Thian, the rustic resort at Koh Samet where I reserved a bungalow for three days. Native people say that long time ago in Koh Samet was a mermaid.H
Coyright 2013.



lunes, 22 de abril de 2013

La sirena de Samet

Desde Bangkok

(PRIMERA PARTE)

Publicado: Lunes, 22 de abril de 2013 - 12:21 am En: Diario de Yucatán, Calidad de vida, Imagen
Jorge luis Hidalgo Castellanos

Mi cuerpo resentía el golpeteo del mar mientras el “tiburón blanco” se sumergía en las aguas del golfo de Tailandia. Iba rápido hacia el sur, cerca de la costa de Ban Phe en la provincia de Rayong, una de las veinticinco que cubren la parte central del reino.
Había dejado Bangkok temprano, alrededor de las siete de la mañana. Después de tres horas en el coche, por la carretera número 3 que va al este del país, la famosa Sukhumwit Road, llegué al pueblo costero donde me embarcaría hacia una de las islas que se encuentran en un área del golfo en forma de herradura en cuyo vértice esta la capital de Tailandia. Ban Phe está en el extremo inferior derecho de esa “u” invertida y frente a él, a unas cuantas millas náuticas y 20 minutos en lancha se ve Samet, la isla que ese día me disponía a visitar.
No me di cuenta cuando caí, lo que recuerdo muy bien es que el tiburón me recibió y atrapándome en sus fauces me introdujo en las contaminadas aguas que rodean el muelle, en cuya superficie tristemente vi flotar basura; plásticos en general. "Ello me preocupó", habría dicho después, pero la verdad es que la caída y la presencia del escuálido hicieron que olvidara la suciedad del mar e intentara respirar mientras podía, sin saber nada más de lo que pasaba. No sentí nada. El tiburón blanco nadaba llevándome consigo y yo sólo sentía el mar pasando raudo.

Isla en tailandés se dice koh, y a la que fui a parar esa mañana es una pequeña, con 6 km de largo y menos de 3 de ancho, en forma de papalote o mantarraya. La parte ancha en el norte y una larga cola que se prolonga al sur. Koh Samet es su nombre, aunque hay quien la escribe con d en lugar de t.
El escualo me dejó en una pequeña playa de arena clara con rocas oscuras a los lados. Frente a ella, conseguí ver que en la colina había unas chozas con techos tailandeses terminados en agudas puntas, semejando pagodas siamesas color café.  Horas más tarde sabría que el nombre del lugar era Baan Thai Sang Thian. No recuerdo nada más, estaba exhausto y seguramente mal. Me desmayé y desperté varias horas más tarde.

Alguien de la isla me había puesto en una habitación rectangular con amplias ventanas y aire acondicionado. No escuchaba ruido, sólo el trino de los pájaros y a lo lejos, el rumor de las olas. Estaba en una cama dura aunque acolchonada, con sábanas de algodón y una manta de seda morada. Quise levantarme y no pude, caí nuevamente en el  lecho y entonces vi que en la pared del cuarto había dos cuadros tailandeses, el de una bailarina y otro de un paisaje bucólico.
Una sonriente chica thai, como la de retrato, entró a la habitación con una jarra de celadón y tres cuencos de la misma porcelana. Se sentó junto a mí y me saludo con un wai, colocando las manos juntas en su pecho. Me sirvió té de jazmín y levantó mi cabeza para facilitarme beberlo. La fruta que después un muchacho trajo sirvió para recuperar fuerzas y tratar de conversar con la espigada tailandesa. Supe que me había cuidado durante casi un día mientras yo dormía y que no sabían si mi destino era este lugar, donde ahora estaba. Los farangs, como yo, no solían visitar Ao Thian.
Inevitablemente llegamos a la playa, ella entró al mar y amablemente 
 me  invitó a seguirla. Pese al recelo inicial, después de mi reciente experiencia marítima, no pude resistir la amable sonrisa de esta nereida asiática y me metí a las cálidas aguas del golfo de Tailandia. Le sonreí también.
Después de comer padthai, curry con verduras y arroz blanco en la terraza de mi casita, la tailandesa me ofreció mango con arroz dulce glutinoso. Tenía sabor a coco y en combinación con el mango resultaba un manjar. Las aves cantaban en la jungla que nos rodeaba y los árboles prodigaban la sombra que hacía disminuir la alta temperatura del medio día. Las papayas, los plátanos y las carambolas se veían exuberantemente colgadas y al alcance de la mano. Desde la veranda, entre la maleza y otros búngalos, podía ver el mar y las olas arribando a la playa. Era paradisiaco.

La chica me contó que Koh Samet es un parque nacional con varias playas y que estábamos en Ao Thian una de las menores y más aisladas. La isla aparece en”Phra Aphaimani”, la obra maestra de la literatura thai escrita en el siglo XIX por Sunthorn Phu en la que narra el exilio de un príncipe siamés que escapa, con la ayuda de una bella sirena, de una gigante enamorada que lo retiene en su mundo marino.H            

  Continuará.
Copyright 2013.  Texto & Fotos:  Hidalgo


Mermaids and Sharks at koh Samet  (I)

By Jorge Luis Hidalgo-Castellanos

My body felt the sea beating it while the “White Shark” went into the waters of the Gulf of Thailand. It was close to Ban Phe coast in Rayong province, one out of twenty-five provinces at the central part of the kingdom and the shark was going to the south, fast.

I had left Bangkok early that day, around seven o’clock. After three hours by car, along Number 3 Highway, the one that goes to the East, the well-known Sukhumvit Road, I arrived to the coastal town where I would board to go to one of the islands located in that area of the country which had a horse-shoe shape in whose vertex Thailand’s capital city is. Ban Phe town lies at the bottom of the right side of such an upside down U, and only a few nautical miles in front of it, about 20 minutes by boat one can see Samet, the island I wanted to visit that day.


I really did not realize when I fell into the water but I remember very well that a shark caught me in its jaws and submerged me into the polluted waters of the wharf, where sadly I saw garbage floating on its surface, plastics in general.  “That worried me”, I would say afterwards, but to say the truth my fall and the presence of the squalid made me forget the dirtiness of the sea and made me try to take a deep breath while I could not realize what else was happening. Neither had I felt anything. The White Shark swam speedily taking me along and I just was feeling the rapid sea currents.

In Thai language, koh means island and the one I was taken to that morning is a small piece of land only 6 kilometers long and 3 wide in a kite or manta ray shape. It has its broadest area at the north and a long and narrow tail going south. Its name is Koh Samet, sometimes written with a d at the end instead of a t.
 
The shark left my body on a small beach of clear sand and dark rocks at the sides. In front of that small beach I could see, atop at the hill, some cabins and Thai-style shaped roofs with long tips as brown Siamese pagodas. Sometime later I would know the name of such place: Baan Thai Sang Thian. I do not remember anything else. I was exhausted and certainly in bad conditions. Then I fainted. Some hours later I woke up.

Somebody from the island took me to a rectangular room with big Windows and air conditioner.  I did not hear any noise other than the birds chirping and far away the sea waves murmur. I was laying on a hard-cushioned bed with cotton sheets and a purple silky bed cover. I wanted to stand but I could not. I fell on the mattress and then it was when I notice two pictures on the room’s wall. One picture was of a Thai dancer and another one of a bucolic view of Thailand’s countryside.

A smiling Thai girl, similar to the one at the picture, entered my room bringing a Celadon teapot and three cups made of the same Thai china. She sat near me and greeted me with a typical wai, putting the hands together on her chest touching her nose with her fingertips. She served Jasmine tea and helped me to drink it lifting my head softly. Later, a boy bought us some fruit which gave me strength to try to talk with the thin and graceful Thai girl. I was told that she took care of me for a day while I was sleeping and that nobody knew if this place, where I was now, was actually my final destination. Farangs like myself were not common visitors of Ao Thian.

We were, in a given moment, at the beach. She entered the sea and kindly invited me to follow her. Despite my initial doubt due to my recent bad experience I could not resist the pretty smile of this Asiatic nereid and I went into the warm waters of the Gulf of Thailand. I smiled too.

After eating Padthai, Curry with vegetables and White Steamed Rice at my cabin terrace, the Thai girl gave me Mango with Sticky Rice. The combination of mango with the coconut flavor of the dessert was a tasty dish. The birds of the jungle were chirping and the trees’ shade around us made the midday’s high temperature cool a bit.

Papayas, bananas and star-fruits were exuberantly hanging on their trees at hand distance. I could see from my veranda, through the tropical bushes and the bungalows, the sea and its waves splashing at the beach. It was truly, a Paradise.

The girl told me that the island is a national park with several beaches around it. We were, she said, at the one called Ao Thian. It is one of the smallest and more isolated beaches of the Koh Samet. This island is described in ”Phra Aphaimani”, a famous poem of Sunthorn Phu, a Thai writer and poet from the 19th century. Such a poem tells the story of a Siamese prince trapped by a giantess in her under water kingdom due to the fact that she is in love with him. The prince escaped to Koh Samet with the help of a beautiful mermaid.            To be continued.

Copyright 2013.